Bert  Hellinger, creador de la herramienta de Constelaciones Familiares,  nace el 16 de diciembre de  1925, en la localidad de  Leimen, Baden, Alemania.  Desde pequeño recibe  esmerada formación religiosa por parte de sus padres quienes eran católicos practicantes. Tal fue la influencia en esta enseñanza que desde los 5 años manifestó  el deseo de ser sacerdote.

Hellinger ingresa al seminario a los 10 años y forma parte de una organización católica contraria a las ideas del nacionalsocialismo por lo que el joven y sus compañeros son declarados por los cuerpos de seguridad alemanes  “sospechosos de ser enemigos del pueblo”. La sospecha se disipa cuando a los 17 años, él y todos sus compañeros,  ingresan al ejército alemán  formando parte de las tropas enviadas a Francia en 1942.

La experiencia y los rigores  de la II Guerra Mundial las sufre no solo en el frente de batalla sino también en el  campo de prisioneros alemanes situado en Bélgica donde es enviado luego de ser apresado por los norteamericanos. De ese campo escapa en 1945. Al finalizar la guerra se hace sacerdote y decide estudiar  entonces Filosofía, Teología y Pedagogía en la Universidad de Würzburg.

Luego de este aprendizaje Hellinger es enviado como misionero a Sudáfrica como director de un gran internado de jóvenes zulúes.  La  permanencia por muchos años, en este país,  le hace conocer y profundizar en   la cultura zulú, de la que recoge la importancia vital del respeto a los mayores. Observa también el proceso de adaptación de estos jóvenes, por su necesidad de integrarse a la cultura occidental, viviendo la relatividad de los valores y rituales establecidos por cada cultura.

Sigue formándose, a menudo enfrentado con las autoridades eclesiásticas. Las diferencias con sus superiores son la base de su decisión de dejar el sacerdocio,  lo cual se concreta a finales de los 60.   Quienes conocen el devenir de su vida aseguran que Hellinger tomo la resolución de “colgar la sotana” luego de asistir  a un cursillo ecuménico organizado por unos anglicanos que se aplicaban a desarrollar una actitud fenomenológica para reconciliar contrarios y dejaron una profunda huella en su espíritu.

 En un grupo de trabajo entre religiosos, Bert relata que un ponente hizo una pregunta sin respuesta al grupo “¿Qué es más importante para ti, tus ideales o la gente? ¿Si tuvieses que elegir, cuál sacrificarías?”. Bert, relata, que luego de escuchar la pregunta  “se pasó una noche sin dormir para poder responder, con todas las consecuencias”.  Vale destacar que a pesar de las diferencias aun conservaba  toda obediencia incondicional y adhesión sin fisuras a unas ideas que había sido su creencia  desde su niñez.

Hellinger, en su libro “Un largo camino” comenta: “Le estoy muy agradecido a ese Ministro por haberme hecho esa pregunta. En un sentido, la pregunta cambió mi vida, pues esa orientación fundamental hacia la gente ha formado todo mi trabajo desde entonces”.

Pasaría un tiempo para que dejase para siempre el sacerdocio. Su idea  se concreta cuando un verano vuelve a  Alemania y  participa en los primeros talleres de Gestalt.  Es incluso el primero en practicar la silla caliente. En ese viaje descubre que su tiempo como sacerdote ha terminado.  Vuelve a Suráfrica  y esperara un año más para dejar el  sacerdocio con paz, después de 25 años.

Con 45 años vuelve a Alemania. Trae consigo una profunda actitud fenomenológica, una honda impresión del contraste entre la fuerte cohesión familiar africana y la situación europea, y el deseo de seguir resolviendo problemas humanos. Se orienta hacia la psiquiatría. Se traslada a Viena; allí estudia psicoanálisis y se casa con Herta, su primera esposa, psicoterapeuta como él.

 Así como lo hacía   con todo, se metió de lleno en su  estudio psicoanalítico. Leyó  la obra completa de Freud y literatura relevante. Pero cuando su instructor le dio una copia de Janov’s Primal Scream se dio cuenta de que un libro no era suficiente y que quería saber más de esto, no le bastó sólo leerlo sino que también quería llegar más lejos.  Visitó a Janov en los Estados Unidos, y luego terminó un entrenamiento completo.

 La comunidad psicoanalítica en Viena no mostro entusiasmo con respecto a esta manera de incluir una terapia  con enfoque corporal que él había aprendido, y de nuevo, Hellinger,  se preguntó: ¿Qué es más importante, lealtad a un grupo o el amor a la verdad o a la pregunta? El amor a preguntar con libertad ganó, y la separación del Psicoanálisis se hizo inevitable, no obstante se calificó más tarde para entrar en un instituto diferente. Su habilidad en la psicoterapia con enfoque corporal le recordó de una u otra manera que debía permanecer como un elemento esencial en su largo trabajo que después de su asociación con Janov empezó  a dar frutos.

Muchas escuelas terapéuticas tuvieron una gran influencia en su trabajo.  Entre ellas se puede contar la orientación fenomenológica de la Dinámica de Grupo de los Anglicanos, la necesidad fundamental de los seres humanos de alinearse con las fuerzas de la naturaleza que aprendió de los Anglicanos y de los Zulúes  en Sudáfrica; el Psicoanálisis que aprendió en Viena, y el trabajo del cuerpo que aprendió en América.

Desarrolló un interés especial por la Terapia Gestalt a través de Ruth Cohen y Hilaron Perzold. Conoció a Fanita English durante este periodo, y a través de ella y con el trabajo de Eric Berne, se introdujo en el Análisis Transaccional. Junto con su esposa Herta, integró lo que él ya había aprendido de la  Dinámica de Grupo y el Psicoanálisis con la Terapia Gestalt, Terapia Primal y Análisis Transaccional.

Su trabajo con el análisis de « guiones » le permitió descubrir que algunos de esos guiones pasan de generación en generación y se manifiestan en las familias. Las dinámicas de identificación también se hicieron más notables  durante este periodo. El libro de Ivan Boszormenyi-Nagy – Invisible Bonds (Vínculos Invisibles), su reconocimiento de las lealtades ocultas y su necesidad de mantener un equilibrio entre dar y tomar en familias, también han sido importantes.

Se capacitó en Terapia Familiar con Ruth McClendon y Leslie Kadis. Ahí fué donde por primera vez conoció  las constelaciones familiares. “Yo estaba muy impresionado por su trabajo, pero no podía entenderlo. Sin embargo, decidí que yo quería trabajar sistémicamente. Después empecé a pensar en el trabajo que había estado haciendo y me dije, también es bueno. No voy a renunciar a eso antes de que realmente haya entendido la Terapia Sistémica Familiar. Así que seguí haciendo lo que había hecho. Un año después pensé de nuevo en eso, y me sorprendí de descubrir que estaba trabajando ya de una manera sistémica.”

Leer el artículo de Jay Haley El triangulo perverso le permitió descubrir la importancia de la jerarquía y el orden en las familias. Continuó el trabajo en la Terapia Familiar con Thea Schönfelder y en Hipnoterapia y Programación Neurolingüística (NPL) con Milton Erickson, del que tomó el uso de los cuentos en sus terapias. Ambos fueron de gran influencia para él, junto con Frank Farelly y su Terapia Provocativa. Así como también La Terapia de la Contención desarrollada por Irina Procop.

Junto con su mujer, tiene su propia consulta en la que va experimentando y condensando su saber hacer. Su elección es decididamente a favor de una terapia breve, nuclear; buscando la terapia que devuelva, de un modo radical, a la persona su fuerza y dignidad. A través de la experimentación y la integración de todas las terapias a las que se había acercado, en 1980, empezó a desarrollar su propia terapia familiar sistémica: las Constelaciones familiares.

Esta terapia es la consecuencia práctica de su reflexión filosófica – él es ante todo un filósofo – y sobre todo consecuencia de su observación y disciplina fenomenológica. Sus comprensiones y su libertad de pensamiento le permiten descubrir la riqueza de la formula de representar al sistema familiar por otras personas, técnica que estaba ya en uso cuando la empezó a practicar.

Gracias a su percepción fenomenológica, va tomando conciencia de lo que hay detrás de la realidad aparente, detrás de la buena consciencia y del sentimiento de culpa, detrás de los conflictos y del sufrimiento, detrás de la paz y de la felicidad. Trabaja en y con los campos morfogenéticos, descubriendo las leyes sistémicas del amor, a las que llama “los órdenes del amor”, el papel de la conciencia moral y la dinámica profunda del movimiento sanador.

Bert Hellinger ha penetrado, con rigor, en el campo del conocimiento, lo que le permite elaborar una nueva filosofía, una nueva visión coherente de todos los aspectos de la vida. Entre ellos, una nueva visión sobre la felicidad, el éxito, el amor. La era renacentista del Individuo, solo frente a su destino, frente a sus decisiones individuales y su “cogito ergo sum” ha muerto; está naciendo – desde principios del siglo XX – la era del Campo, que se llame cuántico, morfogenético, sistémico, Conciencia familiar o Conciencia del espíritu.

Junto con su primera mujer elabora la hipótesis de los órdenes del amor, que se irán precisando a lo largo de los años.

Uno de sus mayores descubrimientos ha sido entender el rol de la conciencia moral.

Es tan desestabilizador que estuvo varios años observando una y otra vez la presencia de la buena conciencia detrás de los conflictos y agresiones, tanto entre individuos como entre grupos y países, antes de sacar a la luz sus conclusiones. Descubrió que la buena conciencia es un órgano fisiológico que sirve de cemento social, evitando las singularidades, separaciones y tomas de autonomía. Uno tiene mala conciencia cada vez que actúa de forma independiente de alguien o de un grupo, por lo contrario siente buena conciencia siempre que refuerza su pertenencia a un vínculo, bien sea de amistad, amor o solidaridad.

Nely Gomez